Desde su nacimiento se anticipó a los hechos, puesto que figura en el Registro Civil de Balcarce (Argentina), anotado por esos malentendidos de esas épocas, el día 23 de Junio de 1911 cuando en realidad debía leerse 24, fecha en la que Juan Manuel siempre lo festejó ignorando lo que decían sus documentos por ser su verdadera fecha de nacimiento.
Hijo de inmigrantes italianos: los Fangio, que habían llegado de Castiglione Messer Marino y los Deramo de Tornarece, ambos pueblos de la provincia de Chieti en la encantadora región de Italia: los Abruzos. Debe su nombre al haber nacido el día de San Juan y su padre -un ferviente monárquico- como segundo nombre le puso Manuel en honor al rey de Italia; fue también afectuosamente conocido como"chueco" por sus muchos entusiastas, dado lo arqueado de sus piernas.
A los seis años Juan Manuel comenzó a ir a la escuela, donde aprendió lo que aquellas esforzadas maestras le enseñaron, que era todo lo que podían y lo hacían sin horarios, para que sus chicos supieran más. A los once años ya trabajaba de aprendiz en una herrería, para un tiempo después dejar el yunque y entrar a un taller mecánico lo que le permitiría comenzar a amigarse con las "máquinas infernales" nacidas del otro lado del mar y con todo el progreso que había llegado con ellas. Lavaba sus piezas y observaba para qué servía cada una de ellas y miraba y re-miraba el armado de sus motores.
Tras pasar casi un año en cama víctima de una pleuresía de la que se sabía que a la mortal tuberculosis había tan solo un paso, con la compañía casi permanente de su madre, logra salir bien librado. y poco más tarde el ejército lo incorpora con el sello de "apto para todo servicio". También después se dedicó a practicar fútbol con bastante acierto.
Ya con 21 años y de vuelta a la casa familiar, animado y ayudado por unos amigos y también por su padre que le entrega una parte del terreno, construyó su propio taller conformado por un galpón que le dio el primer paso para luego con el tiempo instalar otro taller en el centro de Balcarce, siempre ayudado por sus amigos a los que siempre recordó con palabras muy medidas "al automovilismo le debo todo lo que tengo, que es muchísimo. Mis amigos llegaron a mí gracias al automovilismo, porque así nació el galpón primero y pasé al taller, después. Amigos que muchas veces fueron mucho más que eso, que ya es mucho".
Ya con 21 años y de vuelta a la casa familiar, animado y ayudado por unos amigos y también por su padre que le entrega una parte del terreno, construyó su propio taller conformado por un galpón que le dio el primer paso para luego con el tiempo instalar otro taller en el centro de Balcarce, siempre ayudado por sus amigos a los que siempre recordó con palabras muy medidas "al automovilismo le debo todo lo que tengo, que es muchísimo. Mis amigos llegaron a mí gracias al automovilismo, porque así nació el galpón primero y pasé al taller, después. Amigos que muchas veces fueron mucho más que eso, que ya es mucho".
Comenzaron a llegar las satisfacciones. La primera, en 1940, fue el Gran Premio Internacional del Norte con 9.445 kilómetros de recorrido, que los cubre en 109 horas al comando de un Chevrolet. Esta carrera entre Buenos Aires, a través de los Andes, a Lima, (Perú) y vuelta de nuevo, tomó casi dos semanas con etapas diarias. Las reparaciones eran completadas por el piloto y el copiloto al final de cada extenuante etapa. Muchos éxitos siguieron en estos modificados autos americanos, lo que lleva a crear una enconada rivalidad de marcas aún hoy existente: "¿Ford o Chevrolet?", encabezada en esos momentos por Oscar Gálvez y Juan Manuel Fangio respectivamente y lo que aparecía como una apasionada porfía entre dos grandes hombres fue el comienzo de una amistad que se prolongó hasta el final de sus vidas y seguramente seguirá todavía, algo más allá.
Y la señal llegó, la insensata contienda había cesado y los hombres volvían a la reconstrucción. El Automóvil Club Argentino vio la posibilidad de organizar las temporadas internacionales de coches especiales -hoy conocidos como de Fórmula 1- con los viejos grandes pilotos del mundo y los argentinos, que miraban asombrados las fabulosas joyas que llegaban y de las que tanto habían oído hablar. Hasta que llegó el mágico 6 de febrero de 1949 en el que Oscar Gálvez, bajo una lluvia torrencial en el circuito de la Palermo con un Alfa Romeo, puso la piedra fundamental de los triunfos argentinos. Enseguida fue Fangio con una Maserati quien también vio la bandera de cuadros en primer lugar y entonces se decidió la continuidad allende el Atlántico.
En 1950 le dieron a conducir un Alfa Romeo. Batallando con su compañero de equipo Nino Farina, terminó sub campeón mundial, pero ya la semilla había sido plantada y daría excelentes frutos. El año siguiente, 1951, lo vio a Fangio ganador del primero de sus cinco títulos, con el Alfa Romeo 159, donde la jugada decisiva se desarrolló en el catalán circuito dePedralbes a la vista de la imponente ciudad de Barcelona y que culminó con un notable triunfo del "chueco" tras una jugada sensacional de estrategia por parte de los ingenieros de Alfa Romeo sobre las Ferrari más rápidas y menos gastadoras de combustible.
Fangio siempre fue muy político con sus mecánicos para atraer su lealtad. Durante la práctica para el Gran Prix italiano él se quejó de una vibración severa y los mecánicos le aseguraron que durante la noche corregirían la falla y fue así que el día de la carrera el problema había desaparecido completamente, en tanto su compañero Bonetto al bajarse del auto decía que con la vibración que soportó durante la carrera era una suerte poder conservar los dientes en su lugar. Enseguida Fangio comprendió que ¡los mecánicos habían cambiado el número a los automóviles en el medio de la noche! y le habían dado el de Fangio que vibraba a su compañero de equipo Bonetto. Se echó a reír y le dijo "non era la tua máchina; era la mia". Juan Manuel siempre compartió muchas cosas con "sus" amigos mecánicos: los premios, las palmas, muchos momentos de las veladas reacondicionando los motores y, fundamentalmente, nada de aparecer únicamente en las horas de gloria.
Arrancó la temporada de 1956 y Fangio estaba ligado a Ferrari con la que conseguirá su cuarto título. Contrariamente a lo que podría pensarse, Enzo Ferrari no apreciaba demasiado a Juan Manuel, probablemente porque éste lo había ya ganado casi todo a expensas de los pilotos Ferrari y era algo que el Comendatore, un enamorado de odios a perpetuidad, no le perdonaría nunca. Insinuaba una reverencia ante Fangio porque terminaba campeón con la marca, pero no dejaba de acentuar que para volver a ser campeón debería volver a correr con Ferrari, sin imaginar siquiera que el año siguiente con una Maserati le iba a ocasionar una estruendosa derrota justamente contra los mejores pilotos de su equipo, Hawrthorn y Collins.
En 1958, en lo que sería su última carrera, el Gran Prix francés terminó cuarto y jubilado. Su Maserati 250F no era competitivo ese día y el líder de la carrera, Mike Hawthorn, como una señal de respeto para el gran hombre conocido por sus pares como"el maestro" se negó a sobrepasarlo lo que le permitió a Fangio cruzar la línea delante de él sin perder la vuelta. Saliendo del automóvil después de la carrera pidió que lo llevaran al hospital adonde había sido trasladado su amigo Luigi Musso tras un terrible accidente con su Ferrari. Al llegar al hospital, un médico comprensivo tras ponerle una mano en el hombro le dijo:"Musso murió, Fangio". Pidió verlo y sin hablar le dijo adiós. Y también él se aleja de las carreras para siempre.
Fangio falleció a la edad de 84 años el 17 de Julio de 1995 rodeado del afecto de los suyos y de un país que siempre lo idolatró. Su registro de ganador contra los GP iniciados, probablemente nunca podrá ser igualado.